La duanju en el móvil: una experiencia individual, heredera del walkman
- 16 feb
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Con el Walkman, la música abandonó la sala, el equipo de música y la escucha compartida para entrar en el ritmo del movimiento. Se convirtió en parte del cuerpo. Con los auriculares puestos, ya no se "pone" música: se lleva puesta.
Shuhei Hosokawa, investigador y teórico japonés de las culturas musicales, describió a principios de los años 1980 esta zona de escucha individualizada que corta parcialmente el contacto auditivo con el exterior y transforma la calle en un escenario para recorrer, más que en un espacio para vivir colectivamente.
Michael Bull, sociólogo británico especializado en el uso de tecnologías de sonido (desde el Walkman hasta el iPod), ha demostrado cómo estos dispositivos permiten a los usuarios crear escenarios para su vida cotidiana, creando una banda sonora cuidadosamente seleccionada que reestructura su experiencia de la ciudad. El smartphone extiende esta creación de escenarios a las imágenes: ya no solo superponemos música a nuestro día, sino rostros, escenas y tensiones a momentos que antes eran "vacíos".
La ficción está experimentando la misma transformación, pero a través de imágenes. El teléfono inteligente no es solo una nueva pantalla: es un escenario portátil, una cabina personal, una prótesis para la atención. El hilo conductor no es la tecnología en sí, sino la privatización móvil: el acceso a una obra se vuelve personal, instantáneo, se elige sobre la marcha, se consume dentro de una burbuja móvil.
En el metro, en un banco, en una cola, puedes ver una historia de ficción sin crear un momento televisivo. Inicias una transmisión, la pausas. La reanudas. La pausas de nuevo. La experiencia se fragmenta, pero no desaparece: se reconfigura en torno a los huecos. El tiempo prolongado ya no se impone como una sola sesión de visionado; se recompone mediante la microacumulación.
Este cambio también se refleja en las cifras de atención. En el Reino Unido, una encuesta publicada por The Guardian indicó que, para 2025, el tiempo dedicado a dispositivos móviles habrá superado al tiempo dedicado a ver televisión, siendo el uso del móvil más constante a lo largo del día, más espaciado y más cercano al cuerpo.
Históricamente, la música no desapareció del colectivo por el walkman; redefinió sus espacios de intercambio. El concierto no desapareció; cambió en valor, función y deseo. La ficción podría seguir una trayectoria similar: la pantalla personal no suprime la pantalla compartida, pero establece una práctica autónoma, íntima y móvil que coexiste con otras formas de visualización.
El verdadero cambio no es solo el formato. Es también la forma en que el público transmite la obra, la activa, la corta, la retoma y la permite coexistir con el mundo.
Artículo escrito por Guillaume Sanjorge
Fuentes:
• Cambridge Core – enero de 1984
• Libros electrónicos de Taylor & Francis – 23 de septiembre de 2019
• The Guardian – 25 de junio de 2025
• ResearchGate – 27 de abril de 2018
• SpringerLink – 2006


