Francia: un ejemplo paradigmático para el futuro de la financiación de la creación digital
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rancia cuenta con uno de los sistemas de financiación audiovisual más intervencionistas del mundo. A través del Centro Nacional del Cine y de la Imagen Animada (CNC), una parte de los ingresos generados por los difusores se reinvierte en la creación. Considerado a menudo como uno de los pilares de la excepción cultural francesa, este modelo ha acompañado durante décadas al cine y a la televisión. Sin embargo, su adaptación a la economía digital sigue siendo un desafío abierto.
En este contexto, la suspensión del programa CNC Talent ha reavivado el debate sobre el lugar que debe ocupar la creación digital dentro de las políticas culturales francesas. Más allá de la polémica nacional, el caso plantea una cuestión que interesa a toda la industria audiovisual: ¿cómo financiar la creación en la era de las plataformas globales y del consumo móvil?
El programa CNC Talent buscaba aplicar al entorno digital el modelo francés de apoyo a la creación. Pero, a diferencia del cine, las plataformas digitales no están especializadas en ficción, documentales o animación. Combinan obras audiovisuales con contenidos informativos, entretenimiento, creadores de contenido, educación y servicios. Esta naturaleza híbrida hace más difícil aplicar un modelo de financiación concebido originalmente para apoyar obras culturales claramente identificadas.
Al mismo tiempo, el mercado del duanju, o microdrama, está creciendo rápidamente. En China, estas series cortas diseñadas para teléfonos móviles han alcanzado una escala industrial.
Durante el Gran Debate del Festival de la Ficción de La Rochelle en septiembre de 2025, el presidente del CNC, Gaëtan Bruel, señaló que el mercado chino del microdrama había superado al de las salas de cine. En esa ocasión, también destacó la importancia de «seguir y comprender estas tendencias», al tiempo que describía al microdrama como un «contraejemplo perfecto» de la visión de la creación defendida por el CNC. Unos meses más tarde, durante la Jornada de la Creación 2026, se refirió a contenidos «altamente estandarizados» basados en «mecanismos adictivos».
Esta crítica de la adicción plantea, sin embargo, una cuestión de coherencia: ¿dónde debe situarse la frontera entre una obra cultural y un producto diseñado para generar engagement? El CNC ya financia la industria del videojuego, un sector en el que los mecanismos de retención, progresión y fidelización de los usuarios suelen ocupar un lugar central.
También conviene recordar que el formato duanju se basa en un modelo económico centrado en la ficción, mucho más estructurado que el de muchas plataformas digitales y redes sociales. Empresas como ReelShort y DramaBox controlan toda la cadena de valor, desde la producción y la distribución hasta la monetización de las obras, dentro de aplicaciones cerradas diseñadas específicamente para contenidos seriados.
El debate sobre cómo financiar la creación digital se reavivó a principios de junio gracias a Justine Ryst, directora general de YouTube Francia. Durante una audiencia en el Senado francés, señaló que el impuesto sobre los servicios de vídeo genera más de 44 millones de euros al año, mientras que solo 3 millones se destinaban a CNC Talent. También pidió una reforma del programa.
Francia ya ha integrado las plataformas de streaming en su sistema de financiación audiovisual. Desde la entrada en vigor del decreto SMAD en 2021, plataformas como Netflix y Disney+ están obligadas a invertir una parte de los ingresos que generan en Francia en obras francesas y europeas.
Si esta lógica regulatoria se lleva hasta sus últimas consecuencias, el duanju también podría acabar entrando en el ámbito de reflexión de los reguladores. Aunque el formato no se ajusta actualmente a las prioridades declaradas del CNC, su desarrollo internacional y la creciente estructuración de su modelo económico podrían hacer que esta cuestión resulte cada vez más difícil de ignorar.
Artículo escrito por Guillaume Sanjorge



